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DERECHOS HUMANOS, RELIGIÓN Y SUPERSTICIONES EN CALABAR (NIGERIA) (I) por María del Valle Rodríguez y José Fernando Sánchez

DERECHOS HUMANOS, RELIGIÓN Y SUPERSTICIONES EN CALABAR (NIGERIA) (I) por María del Valle Rodríguez y José Fernando Sánchez
octubre 16
01:50 2013

En los Blogs de ciberecija vamos a contar a partir de hoy con dos nuevas incorporaciones que nos van a relatar sus estudios e investigaciones en Nigeria. Una ecijana, María del Valle Rodríguez y José Fernándo Sánchez. Ambos estuvieron como Voluntarios en Nigeria en African Child Foundation durante 2011. Actualmente son Consejeros Internacionales de African Child Foundation.

María del Valle Rodríguez Pérez. Trabajadora Social, número de colegiada: 1290. Máster en estudios migratorios, desarrollo e intervención social. Máster en Cooperación al Desarrollo en Infancia, Derechos y Necesidades.
José Fernando Sánchez Carrillo. Licenciado en Derecho. Experto en Derechos Humanos. Máster en Cooperación Internacional y Desarrollo.

J. Fernando - M. Valle

J. Fernando – M. Valle

Resumen: En las principales ciudades del sur de Nigeria viven cientos de menores en la calle, careciendo de protección, sufriendo abusos físicos y sexuales, enfermedades o desnutrición y viéndose obligados a recoger chatarra (niños) o prostituirse (niñas) para sobrevivir. Una de las causas más importantes de este problema son las acusaciones de brujería que provocan que los menores sean expulsados de sus hogares o huyan debido a los sufrimientos físicos y psicológicos que la acusación y/o el proceso de exorcismo acarrean. La creencia en la brujería está muy extendida en el sur de Nigeria y las iglesias y “doctores nativos o chamanes” sacan partido de esta situación lucrándose con los exorcismos y/o “bendiciones espirituales”. El estado no implementa la ley de protección del menor y permite que se realicen este tipo de acusaciones y exorcismos o que las familias abandonen a los menores impunemente.

Introducción

Todos los testimonios recogidos en este artículo están registrados en archivos de audio. Todas las entrevistas fueron grabadas.

Calabar es la capital del Estado de Cross River, situado al sudeste de Nigeria, en la frontera con Camerún y con el estado petrolero de Akwa Ibon. Es una tranquila y relativamente próspera ciudad que cuenta con 470.000 habitantes. Sin embargo, como en todas las ciudades de Nigeria, existen enormes desigualdades y entre 600 y 800 niños y niñas viven en la calle según fuentes policiales. Durante el año 2011 vivimos en Calabar y trabajamos con  menores que viven en la calle como voluntarios/as con African Child Foundation. Además del trabajo que hacíamos con estos niños/as y con sus familias, decidimos realizar una investigación sobre las causas de este problema. El presente artículo se basa en la experiencia que tuvimos durante nuestro trabajo de investigación, así como en los testimonios de informantes claves entrevistados a lo largo de la misma y tratará de una de las causas más importantes que provocan que los menores terminen en la calle: las acusaciones de brujería. También veremos la estrecha relación entre esta y otras causas, como la falta de recursos económicos y de educación.

Acusaciones de brujería

Según el Catedrático de Sociología de la Universidad de Calabar O.S. Ering (2011) (profesor de la Universidad de Calabar que ha publicado un estudio sobre las acusaciones de brujería a menores, publicado por Unicef.), en Nigeria una gran mayoría de personas creen en la brujería y que niños y niñas pueden estar poseídos por espíritus malignos. Según estas creencias se transforman en brujos/as o en diferentes animales mientras duermen por la noche, pudiendo maldecir, causar daños físicos e incluso la muerte o generar problemas económicos a las personas que estén a su alrededor. Las acusaciones pueden comenzar de tres formas distintas:

1. Sucede alguna desgracia en la familia (muerte de un miembro de la familia, enfermedad, pérdida de empleo, etc.) y a raíz de esto comienzan a culpar de estas situaciones al niño/a “brujo/a”.

2. La acusación es usada como una escusa para expulsar al niño o niña de la casa por parte de un adulto con intereses personales en ello. Esto suele ocurrir en situaciones de desestructuración familiar, cuando el padrastro o la madrastra no quieren convivir con los hijos de la otra pareja, cuando los recursos económicos son muy escasos o bien cuando un adulto pretende esconder de esta manera abusos sexuales.

3. Los pastores o sacerdotes acusan directamente a algunos de los menores que acuden a sus iglesias de estar poseídos, con el interés de sacar un beneficio económico por el exorcismo.

Tras el inicio de la acusación, el siguiente paso es llevarlo a un pastor, sacerdote o doctor nativo para que confirmen que son niños/as brujos/as. Suelen ser obligados a confesar que están poseídos mediante coacciones y agresiones físicas, provocando desde este momento la estigmatización del menor y consecuencias psicológicas severas.

exortizar1En la imagen de la izquierda, pastora evangelista suministrando vomitivos a una niña durante un proceso de exorcismo.

Autor: Afo-Quat Asociación. 2011

En la imagen siguiente, la niña exhausta y dolorida tras el proceso de exorcismo.

Durante este exorcismo la pastora suministró líquidos vomitivos a la niña mientras entonaba cánticos y aplicó sustancias químicas en los ojos y en la boca de la menor. A lo largo del proceso, la niña vomitó en repetidas ocasiones y las sustancias químicas le impedían mantener los ojos abiertos.

exortizar2Las fotografías y videos grabados durante el proceso quedaron a cargo de la ONG Stepping Stone (ONG británica especializada en la lucha contra las acusaciones de brujería a menores y rehabilitación de estos en Nigeria) para que denunciara a la pastora y sus cómplices, quienes mantenían en este lugar a numerosos niños y niñas a los que le iba a practicar el exorcismo a petición de sus familias. La iglesia se encontraba en una remota aldea de Cross River.

Autor: Afo-Quat Asociación. Enero 2011

Después comienzan a pedir cantidades de dinero elevadas a las familias para exorcizar a los menores. Cuando las familias no quieren (porque la acusación es interesada) o no pueden permitirse pagar dichas cantidades, el menor es expulsado de la casa y acaba viviendo en la calle. En otras ocasiones es el propio menor el / la que huye del domicilio familiar debido al maltrato físico de los exorcismos o el sufrimiento psicológico que causa este proceso.

Es relevante señalar que los medios de comunicación tienen una cierta responsabilidad en este problema, ya que proporcionan espacios a pastores y sacerdotes para que divulguen estas creencias y proyectan con frecuencia películas o novelas que difunden este tipo de historias.

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