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LISBOA Y MI DEPRESIÓN por Francisco J. Fernández-Pro

LISBOA Y MI DEPRESIÓN por Francisco J. Fernández-Pro
junio 09
08:58 2017
Fco. Fernández-Pro

Fco. Fernández-Pro

El pasado fin de semana estuve en Lisboa. Desde que fui la primera vez (el mes pasado hizo treinta y cuatro años), la he visitada en varias ocasiones y siempre me ha parecido bastante compleja. Sus edificios son relativamente modernos, ya que tras el terremoto de 1750 –que tanta puñeta nos hizo en Écija-, desapareció casi todo el Lisboa conocido hasta entonces (sus calles, eso sí, mantienen los pronunciados desniveles que a mí tanto me fastidian). Supongo que será su relativamente joven urbanismo y las corrientes modernistas del siglo XIX y comienzos del XX, las que hacen que Lisboa resulte tan ecléctica (o, al menos, a mí me lo parece). No sólo es la variedad de colores, de cerámicas en fachadas, de forjas, sino que es la combinación, completamente anárquica de todos estos elementos que, de por sí, muchas veces pueden resultarle –a un ignorante como yo- de extraordinaria factura.

Pero lo malo de Lisboa es la desidia de los que debían mirar por ella. En esta ocasión, los lugares por los que más me moví fueron los de Belem y el Barrio Alto, donde se hacinan miles de viviendas en estrechísimas calles, con subidas de decenas de peldaños y en el que, sin solución de continuidad nos podemos encontrar, junto a balconadas de infinitos tendederos, callejones malolientes, fachadas espurreadas por grafiteros inconscientes, cristales rotos, cagadas de animales, botellas vacías, adoquines sueltos y destrozos de todo tipo -que hacen dantesca la visión de lo que debería ser motivo de orgullo para cualquier lisboeta-, el magnífico edificio del Museo de la Farmacia o el sorpresivo Museo Nacional de Arte Antiguo (con una extraordinaria colección de Zurbaranes y el sorprendente tríptico de las Tentaciones de San Antonio Abad del Bosco, primo hermano del “Jardín de las Delicias” o de “El carro de heno”),

Pienso que Lisboa es una ciudad hermosa, injustamente tratada por la desidia de sus vecinos y sus administradores.

Más de regreso a nuestra España, nada más cruzar la frontera y sintonizar una emisora de FM, las noticias me sobrecogen: un individuo que, tras una agresión demostrada a su pareja no fue considerado suficientemente peligroso, fue liberado por el juez, sin vigilancia alguna y el mamonazo se fue directo al hospital –donde estaba ingresada su víctima- para rematar la faena; el Ayuntamiento de Madrid  se va a gastar miles de euros en cambiar los muñequitos de los semáforos porque le resultan machistas y el de Barcelona multará a todo señor que se abra de piernas en el autobús, porque el despatarre también es machista para las feminazis; Amancio Ortega dona 320 millones de euros a la Sanidad Pública para la lucha contra el cáncer y un colectivo de defensa de no sé qué carajo, quiere rechazar el donativo (supongo que porque no sufrirán cáncer); y, para rematar la faena, cuatro “profesores” de Palma de Mallorca, dimiten y obstaculizan las pruebas de Selectividad en la isla, porque exigen que los alumnos españoles no utilicen el español en sus exámenes.

Lo confieso: me entró la depresión y apagué la radio. Salía del país hermano un poco triste, tras visitar una hermosa Lisboa dominada por la desidia y me reencontré, de golpe, con la tristísima realidad de esta España nuestra donde –por los cuatro puntos cardinales-, no es ya la desidia, sino la gilipollez más inverosímil y en grado superlativo, la que campea a sus anchas sin que, nosotros –los españolitos de a pié-, sepamos aún cómo reaccionar ante tanto fantoche.

 

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4 Comentarios

  1. JUBILADO
    JUBILADO junio 09, 15:35

    Y eso que todavía no había salido la noticia del Tribunal Constitucional, declarando ilegal el Real Decreto de la Amnistía Fiscal. O aquella otra noticia verbal de Flequillos Puigdemont, anunciando la pregunta del referéndum…..
    Pero que prevalezca en su memoria Lisboa. Con todos sus defecto. Es una ciudad maravillosa, con su inmenso Tajo, con Los Jeronimos, Queluz……Sintra…

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    • Francisco Fernández-Pro
      Francisco Fernández-Pro junio 10, 12:01

      Pues sí, señor Jubilado, menos mal que aún no habían salido… si no, es que me vuelvo.
      (Respecto a la ciudad de Sintra, estoy absolutamente de acuerdo con usted… precisamente, allí, pasé mi Luna de Miel ;-) )
      Un saludo muy cordial.

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  2. Laura
    Laura junio 09, 16:10

    Pues querido ecijano que ha paseado por una de las ciudades que más estimo, como ecijana que ahora vive precisamente en esa ciudad que usted crítica, le puedo asegurar que es una de las ciudades más limpias, cívicas y cuidadas que conozco, y más aún por las zonas de las que habla, de las que tengo el gusto de pasear bastante a menudo, así que si alguna vez vuelve por tierras lusas me encantará enseñarle cómo se equivoca en sus afirmaciones y es una ciudad en la que da verdadero gozo pasear y vivir. Y si no le he es posible venir, le invito a leer el blog en el que suelo colgar fotos y experiencias en esa ciudad que ahora también es mi casa. Espero que no se tome a mal este comentario de una ecijana que lleva su pueblo por bandera pero que también está enamorada de la ciudad que me ha acogido y tantas alegrías me da.

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    • Francisco Fernández-Pro
      Francisco Fernández-Pro junio 10, 12:11

      Querida paisana, sería imposible tomarme a mal sus letras. Primero porque yo siempre procuro respetar todas las opiniones y, más aún, de personas más informadas que yo sobre el asunto… y está claro que si usted vive en Lisboa, la conocerá mejor que yo.
      De todas formas, siento decirle que en las últimas estancias que disfruté allí (mi hija ha estado estudiando en la Universidad de Luisiadas), lo que vi y la impresión que me causó fue, exactamente, la que transcribí en mi artículo, aunque –como también escribo- esa dejadez que observé cohabita con edificios magníficos y lugares singulares (ya hablaba de los museos de la Farmacia y de Arte Antiguo, y nuestro amigo JUBILADO me apunta Los Jerónimos…) Pero ya le digo: será cuestión de la distinta perspectiva con la que suelen admirar los entornos, quienes viven en ellos y quienes los visitan.
      Eso sí, le aseguro que la próxima vez que vaya por allí, trataré de contactar con usted de alguna forma, para que me sirva de Cicerone una paisana (seguro que, con su ayuda, sabré apreciar mucho mejor lo que vea)
      Un saludo muy cordial

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