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La transformación urbana de la Écija cristiana (II).

Reflexiones en torno al Patrimonio Histórico de Écija, por Gerardo García León (Historiador del Arte).

 


Son pocas (hasta el momento), pero muy interesantes, las publicaciones realizadas por expertos en la materia, que podemos encontrar en Internet sobre nuestra ciudad, aunque sean muchas las que se prodiguen sobre el papel. Este portal, irá poniendo poco a poco estas publicaciones, lógicamente con el permiso de sus autores, a los cuales queremos expresar nuestras más sinceras gracias. (Corresponde al Boletín número 38 del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico de la Consejería de cultura de la Junta de Andalucía)

Otro factor que contribuyó notablemente a la transformación urbana de la Écija cristiana fue el número creciente de fundaciones conventuales llevadas a cabo desde la Baja Edad Media y, sobre todo, a partir del siglo XV. Exclusivamente patrocinadas por la nobleza local, componen el habitual elenco de órdenes religiosas que gozaban del mayor prestigio y popularidad: franciscanos, dominicos, carmelitas, agustinos, jerónimos, mínimos, mercedarios y jesuitas. Estas fundaciones, protagonizadas por las oligarquías locales, también se vieron favorecidas por el propio concejo municipal que, en todo momento, mostró su colaboración y apoyo a la erección de los nuevos conventos y monasterios.


Como resultado de todo este proceso, a mediados del siglo XVIII y con una población que rondaba los 30.000 habitantes (2), Écija contaba con seis parroquias, diecinueve conventos de frailes y monjas de clausura, seis hospitales con sus instalaciones asistenciales y capillas, dos oratorios públicos servidos por eclesiásticos y diez ermitas, repartidas por el casco urbano y sus inmediaciones. A este importante conjunto monumental habría que añadir los numerosos palacios, casas solariegas y mansiones señoriales que servían de residencia a la nobleza local, así como un número destacado de grandes caserones habitados por hacendados, comerciantes enriquecidos, clérigos y funcionarios. Trascendiendo la categoría de lo monumental, no se debe olvidar la riqueza presente en multitud de elementos patrimoniales más humildes que servían de morada a la mayor parte de la población y que, tomados en su conjunto, también resultan esenciales para el conocimiento e interpretación del pasado.

(continuará)

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(2) Téngase en cuenta que, por esos años, la ciudad de Córdoba tenía 48.000 habitantes, y la de Sevilla rondaba los 65.000.


Información: Boletín número 38: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico de la Consejería de cultura de la Junta de Andalucía