Un beso, un trocito de papel escrito y las palabras de una
doctora bastaron para que Francisca Pradas Pradas, una ecijana
de 37 años de edad, pusiese fin a una vida infernal de
cerca de 20 años en el turbio y oscuro mundo de la droga.
Francisca Pradas recibió anoche en un emotivo acto celebrado
en el Hotel Casa Pirula de Écija el premio a la Mujer
Trabajadora del año, que con buen criterio le han concedido
de forma unánime las distintas asociaciones de la ciudad
astigitana. El jurado ha tenido en cuenta su dura historia,
marcada por la marginación, abusos sexuales, la droga,
los malos tratos y el cambio radical de su vida con el que está
sacando adelante a dos hijas.
La historia de la negra infancia de Francisca Pradas comienza
a los 12 años cuando siendo niña comenzó
a sufrir abusos sexuales de un hombre mayor que la retuvo dos
años en su vivienda empujándola a la droga y dejándola
embarazada de un niño que hoy tiene ya 24 años.
Para Francisca esta fue la peor etapa de su vida, «nadie
apostó nunca por mí, nadie me miraba como persona,
me marginaban, sentía que la sociedad me rechazaba»,
recuerda.
Muy emocionada al recordar esa oscura etapa de su vida Paqui,
como es conocida y prefiere que la llamen, considera que «no
hay nada peor que entrar en el mundo de las drogas». A
la premiada, que a nuestra llegada se mostraba radiante de felicidad,
se le tuerce el estado de ánimo y comienzan a saltársele
algunas lágrimas al afirmar que «con las drogas
lo pierdes todo, pierdes tu familia, tus amigos, no tienes opciones
de nada, estás en un infierno muy oscuro y no te das
cuenta, te pierdes hasta a ti misma y te encuentras sola».
Paqui retoma de nuevo la alegría al recordar el momento
en que su vida cambió al quedar embarazada de su hija
María Jesús. «Fue cuando decidí de
la noche al día dejar las drogas», ahora hace de
eso unos 4 años. La hoy limpiadora del Patronato Municipal
PRODIS de Écija recuerda muy emocionada que fue entonces
cuando visitó a una doctora «ella fue la primera
que creyó en mí, esa doctora apostó por
mí y mi vida cambió radicalmente».
La premiada afirma que lo que le motivó a cambiar fueron
«las palabras de esa mujer, una carta de la psicóloga
y un beso de un asistente de la Asociación «Sombra
y Luz». Lo resumo un beso, un trocito escrito de papel
y las palabras de la doctora».
Hoy tras recibir en honor de multitudes el premio a la Mujer
Trabajadora del Año, Francisca Pradas dice que una vez
superado todo «me siento en paz, estoy en la gloria en
este nuevo mundo, con mi marido, con mis hijos, con mi trabajo,
con mi felicidad. Ahora vivo, antes era un zombi».
Paqui afirma que la vida es bonita «el hecho de levantarme
un solo día, lavarte la cara, desayunar con mi familia,
ir al trabajo vale un solo día más que toda la
droga del mundo que se pueda consumir en toda una vida».
Mensaje a los jóvenes
Francisca Pradas afirma que en el mundo de la droga «hay
metidas muchas personas más de lo que se cree y los que
hemos estado en este mundo lo sabemos. Yo cuando ahora de nuevo
los veo siento indignación, porque no hay derecho a que
se facilite droga a niños de 13 y 14 años a los
que meten en este infierno sin tener capacidad de decisión
y sin saber donde se meten y lo que les espera, como pasó
conmigo. No hay derecho a esto».
Una jornada normal
Un día normal de la vida de Francisca tras su recuperación
consiste en levantarse, llevar a sus dos hijas al colegio, el
mayor de 24 años está independizado, y trabajar
como limpiadora en el Centro Ocupacional de Discapacitados del
Patronato PRODIS que tiene una residencia de adultos discapacitados
con 11 inquilinos y una Unidad de Día de discapacitados
graves.
Paqui considera que el premio que anoche le otorgaron las asociaciones
de mujeres «ha sido por mi lucha por salir de las drogas»
y se lo dedica «a todas las trabajadoras andaluzas madres
de familia que luchan día a día por llevar su
casa y sus hijos adelante».
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